Siempre, pero siempre desde que te conozco maravilloso Azahar, dulce flor mía, resurge de entre las piedras y la porquería el problema que me aleja de alguna forma de vos y no me permite pensar con claridad sobre mis reales problemas y encauzarlos hacia el lugar de las soluciones.
También se que es mi deber permitirte crecer hasta que la plenitud de tu madurez te lance nuevamente hacia mis manos, y mientras tanto, de vez en vez, cuando el tiempo lo crea necesario, mirarte enamorado de tu beldad y acariciarte suavemente a la vez que puedo saborear tu perfume, increíblemente obnubilado por tu inigualable carisma.
No puedo no imaginar todas las noches, mientras observo una foto tuya el día que por fin cumpla mi sueño, cuando abras tus alas y eches a volar hacia mis tierras, con el suave viento. O si antes de tu plenitud yo pudiera caminar descalzo hasta el río Paraná y navegar río arriba para verte despegar y tomarte al raudo vuelo que emprendas, en el momento justo que las naranjas tomen tu lugar en el árbol. Y seré inmensamente feliz.
Pero mientras el tiempo transcurra con sus tics y sus tacs, solo puedo conformarme con estar, existir en esta vida, añorando tantos lindos momentos. Porque más de una vez te escuché decir te amo, pero nunca lo sentí con tu mirada clavada en mis ojos y eso a veces me quita el sueño por las noches. Porque no puedo no tener miedo a ser uno más, o alguien. Pues como Yuyo Montes me enseñó a gritarte, yo quiero ser El Último.
Pero vuelvo a escuchar la canción y se que nada tengo de ti y lo tengo todo.
Tantos días han pasado desde que comenzamos a mirarnos y a querernos; y soy muy culpable de haberte negado mil veces, aún más convencido que Pedro cuando negó a Jesús, mucho más. Porque el tiempo pasa y nunca te veo crecer hasta tu plenitud, porque el tiempo se queda a veces quieto cuando te deseo, cuando me despierto rodeado de otras flores, rosas, jazmines, claveles y hasta calas, y miro a mi costado tratando de encontrarte en medio de la confusión de no saber que hace esa o aquella flor en mi cama, saboreando de noche mi dulzura y mi ternura, disfrutando de mi bestialidad e inacabable adicción a eso mismo que te encantó cuando de pequeña te dije que te quedaras tranquila, que yo iba a volver a buscarte justo en el momento que sueltes la rama del naranjo, cuando por única vez, y con cierta vergüenza en la voz, admitiste que te habías enamorado de mi, mi única y amada Azahar.
-Quedate en mi, -me pediste, que no te deje, que te de la seguridad de volver a verte pronto. Y te lo prometí. Y así lo hice. Nunca te abandoné.
Ahora no se cuándo será ese día que tu vida será mi razón, cuando por fin pueda ver los pistilos míos en tu matriz, listos para polinizar, ya está todo en vos pequeño Azahar. Porque se que lo deseas, y lo has querido antes de tiempo, lo has deseado mucho la última vez te contemplé en la palma de mis manos mientras te acariciaba por dentro, mientras estallaban tus fuerzas cuando mis manos zafreras como tenazas te sujetaron en el borde de los abismos a los que te llevé solo con el poder de mis ojos y mi mente.
Son tantos los que te han visto en situaciones similares, pero se muy bien que nada te hará cambiar de parecer hasta que por fin te aceptes como eres: el más bello Azahar de todos los naranjos del mundo.
Solo quiero pedirte que no olvides que aquí estoy esperando por el bendito día que encuentres el cauce correcto que lleva la savia hacia tus entrañas, esa misma que te dará la experiencia y la vida para crecer hasta tu punto máximo y soltarte para ser parte de mi vida y de los sueños que en una noche de luna llena te conté mientras te observaba en tu blanca pureza.
¿Crees que es imposible llevar a cabo dichos sueños?
¿Crees que aquellos que ya lo han hecho alguna vez pensaron que fuera imposible lograrlo?
Confío plenamente en vos Azahar mío.
Confío hasta en tus pequeñas mentirillas infantiles, propias de tu estación, también.
Confío que no vas a aflojar en tu crecimiento.
Confío en que le vas a prestar atención a
Confío en lo que estoy convencido.
Confío que tu belleza no llenará de soberbia y altanería tu alma de mujer.
Confío plenamente en vos Azahar mío.
No me falles por favor.
Y si un día te enamora por fin algún picaflor y te arranca de mis sueños, antes de encontrarte como te deseo, házmelo saber por favor. Para que mi alma se vaya en pedazos a tiempo y el sufrir sea un mero recuerdo de mi primer amor.
Y cuando por fin comprendas qué es el amor cuando en mi último aliento te recuerde, sabrás que para la próxima no deberás dejarme ir tan fácil, pues si no es en esta, se que en otra vida podré observarte mientras del árbol que te vio nacer caes hacia mis manos que nuevamente te estarán esperando.
Damián!

No hay comentarios:
Publicar un comentario