viernes, 5 de septiembre de 2008

El Rata Tuerto (apología de la venganza)



Solo se diferencia del reino animal porque es el hombre el único capaz de odiar...



¿Por qué tengo estrujando a una rata con mi mano derecha?

¡Por Dios, con qué saña lo estoy haciendo! ¡Y me encanta, y lo disfruto! ¡Qué bien se siente aplastarle las vértebras cervicales con la fuerza de mi mano derecha y nada más mientras se retuerce del dolor porque aún no ha muerto, y lucha con las pocas fuerzas que le queda intentando zafar de mis garras! ¡Qué agradable sensación!

Te dejé entrar en mi casa hace poco más de dos años pensando que eras inofensiva y terminaste contagiándome de rabia con una mordida trapera. Debiera haberte fulminado de un pisotón inmediatamente después de tu traición. No merecías la vida inmunda rata del desagüe y hasta dejé que te sentaras a mi mesa. Y cuando me sentía un poco abatido por la lucha interminable entre mi penar de amor pasado y mis ganas de sobrevivir, te daba doble ración y permitía que me escuches el desahogo.

¿Cómo pude confiar en una rata como vos?

Y mientras me miras con las últimas luces que despide tu ojito pequeñito en tu cara inmunda cubierta de pelo, pareciera que me pides perdón por tanta porquería que me metiste en el alma.

Pero la vida me enseñó que a las traiciones no se les debe dar segundas chances, y tuve que tropezar dos veces con la misma piedra para darme cuenta de eso. A las traiciones se las reprime inmediatamente.

Y ahora te suelto. En realidad dejo de aprisionar y te dejo caer en el suelo. Y te permito vivir, te dejo que vivas el calvario que significa no sentir nada pues tu médula está fraccionada en varias partes, aunque se que te duele mucho la cabeza, pero este dolor es incomparable con el que te da saber que te estás muriendo de a poco y que nadie va a poder devolverte la vida, asquerosa rata de ciudad.

Chillas, con las últimas fuerzas chillas suplicando clemencia. ¿Acaso crees que voy a devolverte la vida? Yo no soy Dios maldita rata, no hago milagros tampoco. Sólo soy un hombre que te abrió la puerta de su casa para que te sientas cómoda y segura.

¡Dios mío! Que gozo me provoca sentir tus roncos alaridos y tus lágrimas de resignación. No dejas de mirarme a los ojos cómo queriendo que esa imagen de tu cuerpo deforme por el aplastamiento quede en mi retina y me provoque algún día un remordimiento que me lleve al suicidio.

Que equivocada que estás rata gorda y fea.

Ahora tu vida y tu existir se apagan y tu cuerpo ya no pareciera tener ninguna otra molécula de oxígeno que exhalar.

Por las dudas, acabo contigo sacándote los sesos afuera.

BANG!

1 comentario:

Vicky O dijo...

este post se semeja a un parto, pariste el dolor y la rabia que te quedaron, da la sensacion que nacio un hombre nuevo, celebro eso !!!